domingo, 6 de febrero de 2011

Cuando se empuñan las palabras

Puedo ver el daño a través de tu piel. La herida, recién abierta, arde en contacto con el aire y llora, se desangra. Limpia, desde dentro, todo aquello que puede dañar al cuerpo. Duele cuando se descubre, late durante los primeros minutos y después calma, hasta cicatrizar. Las heridas del alma, en cambio, no se ven venir, ni curar. Estamos expuestos, pero no somos conscientes de los límites, como el cuerpo. Nos clavamos las palabras por la espalda, en el pecho, atravesando hasta los recuerdos. Golpea en el momento, hunde en las primeras horas, días, meses, pero no arde hasta que se convierte en rencor, en odio, en fijación. Sientes como crece, día a día, alimentándose de tu voz en off, reviviendo cada reproche, cada excusa, cada lamento. No calma hasta que pasa el tiempo y a veces, no llega a cicatrizar. Y es que somos la sangre y las lágrimas que han de limpiar la herida, destrucción y creación, dolor y amor. Sólo hay que saber dónde tocar. 

3 comentarios:

danistg dijo...

para que luego digan que el alcohol desinfecta...

Anónimo dijo...

me gusta mucho

Princesa Ono dijo...

MUy profundo... me ha llegado.

PD: soy la misma de "Mariposas solitarias". Voy a cerrar este blog, porque creo que he superado la etapa que me hizo recurrir a ese blog. Te invito a visitar mi otro blog. Un beso