miércoles, 28 de diciembre de 2011

Diciembre duele.


Dicen que todo duele en diciembre, que se echa en falta, se sueña más y se consuela mejor, porque no hay abrazo que no amaine el frío, ni deseo que no pueda cumplirse. Dicen que hay un tiempo para el duelo, para el arrepentimiento, para el perdón (para olvidar la expresión de tu cara, la mentira en tu lengua, el sabor amargo de la traición). Dicen que es la mejor época para dejar lo malo atrás y recuperar lo perdido (pero no hay calma en la pérdida, ni consuelo en el recuerdo, ni perdón caído del cielo). Dicen que hay que intentar olvidar, avanzar, sonreír, regalar, recibir, sorprender y desear lo mejor, aunque duela. Así que diré lo que esperan oír, y sonreiré como pueda, y me alegraré por los que vuelven a casa, y fingiré que todo va bien sabiendo que no ha sido el mejor año (porque bastante duro es echar de menos como para contagiar la nostalgia allá donde vas), porque también hay cosas que celebrar, que agradecer, que desear, que querer. Y sí, diciembre duele, pero antes del dolor, de la herida o de la ausencia hubo risas, y abrazos, y calor. Y hay que recordar esos momentos para volver a sonreír, a levantarse. Gracias a los que me sacaron una sonrisa en los peores meses y en los mejores días, a los que dan vida y sentido a éstas palabras, a los que sé que están aunque no estén, gracias por hacer más cálido éste invierno. 

1 comentario:

Meri dijo...

desde luego siempre hay que volver a sonreir, recuerdalo al despertar!! un bsoteeoffus