viernes, 29 de enero de 2016

Nunca...

Siento en el pecho la carga de un nunca que no elegí. La imposibilidad de dar, sin pedir nada a cambio. La necesidad de sentir la seguridad del otro, para poder empezar a construir, en mí. El dolor enquistado de un perdón que no llegó nunca. Que no llega nunca. Nunca... Otra vez. No se puede avanzar pidiendo garantías... Lo sé. Así que aquí estoy, esperando. Esperando a que el invierno descongele, llueva y se lleve el dolor, y con él, los nunca. Y, quizás, algún día, volver a sentir bonito. O dejar de creer que no se puede, que no se es, que no se está. Y aprender a querer, sin barreras, sin medir quién da más, quién da menos. Y aceptar que la gente como viene, se va. Que es así. Y punto.

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