sábado, 31 de diciembre de 2016

VIII


Hace ocho años empecé a escribir este blog. Ocho... Parece mentira. Vuelvo atrás y pienso en todo lo que podría haber cambiado (una coma aquí, un punto allá…) pero me alegra haber tomado la decisión de retarme a explorar y exponer lo que vivía, lo que pensaba, lo que sentía…

Hace seis años empecé a encontrarme a través de las palabras, a conectar conmigo misma, a darle forma y color a todo lo que sentía, bueno o malo, y qué bonito, joder.

Hace cinco años sentí el dolor de la despedida. La de verdad. Esa que no avisa y llega para quedarse. Y ese adiós me dio fuerzas para cerrar puertas dejando atrás caminos que no quería recorrer. Y escribí el post con el que más he llorado y del que más orgullosa me siento. Fue uno de los años más duros, y al mismo tiempo, más creativos. Mentiría si dijera que no escribía como terapia… Porque fue así. Desde ese momento, las palabras adquirieron tanto poder, que no podían fluir sin consecuencias, sin intentar llevarse parte de mí con ellas. Escribir era sufrir, y no hubo vuelta atrás. Todo lo que vino después fue un caminar de puntillas, un no entres sin llamar.

No sé si es un “adiós” o un “hasta pronto”, pero siento que cierro una etapa que no volverá. GRACIAS a todos los que alguna vez pasaron por aquí, aunque fuera por casualidad, a los que se quisieron quedar, y a los que leerán esto, en pasado. 

Feliz año.

Feliz vida.  
 
A.

1 comentario:

Dani dijo...

Pero no te vayas muy lejos!
Todo un placer :)